Coleccion de sexo El club del cornudo I (SEX)

Coleccion de sexo
Aquí les dejo un relato mas, no se olviden de comentar y si no es mucho pedir dejen algunos puntos!

Me llamo Edu, y voy a contaros mi historia. Mi novia se llama Ana. Es una morena de pelo rizado preciosa. Tiene una piel suave, ojos marrones muy oscuros, y unos impresionantes pechos talla 95. Es delgadita, y con unas curvas muy pronunciadas, y unas caderas anchitas, que le hace un perfecto culo respingón.

Tenemos 26 años, y ambos somos la primera y la única pareja del otro. Llevamos juntos ya muchísimo tiempo, cerca de 13 años. Empezamos a salir cuando éramos niños. Nunca nos habíamos besado con otra persona antes, y nos iniciamos en todo el tema sexual juntos. Estamos hechos el uno para el otro, y queremos pasar la vida juntos. Estamos comprometidos y nos casaremos en verano, dentro de un par de meses. Ella ya lleva su anillo de compromiso, y está preciosa con él.

Todo eso es muy bonito. Siempre hemos sido el uno para el otro, y me enorgullece saber que nunca nadie más ha besado esos labios, nunca nadie antes ha lamido ese precioso coño, y nunca nadie antes la ha visto desnuda y gimiendo. Siempre he sido feliz pensando eso. Lo era. Pero llevamos ya 13 años saliendo y 8 viviendo juntos, desde que empezamos a ir a la universidad. Después terminamos la carrera, y empezamos a trabajar, cada uno en su campo. Nos iba muy bien, y ya tras tantos años, cada uno con un trabajo fijo y seguro, queríamos comprar una casa, casarnos y pensar en hijos. Una vida envidiable sin duda para cualquiera. Pero nosotros no éramos una pareja del montón.

Era mucho el tiempo que llevábamos juntos, y el sexo empezaba a ser monótono. Aun conservábamos la pasión de jóvenes, y el polvo por día no nos lo quitaba nadie. Habíamos agotado ya muchísimas prácticas sexuales. La confianza era totalmente plena y no teníamos tapujos. El sexo anal estaba a la orden del día, que empezamos a practicar cuando el vaginal empezaba a ser repetitivo. Probábamos continuas posturas sexuales, y técnicas suaves de dominación etc. Pero ambos éramos muy activos, y siempre pedíamos más.

Todo surgió hace unos dos años. No recuerdo ya como surgió el tema, pero lo importante es que hablamos acerca de tener relaciones sexuales fuera de la pareja. Nunca habíamos hecho nada con otras personas, y a ambos nos picaba la curiosidad. Sentíamos haber desperdiciado la vida en ese sentido. De chicos siempre pensé, como todos, en tener una vida sexual activa, sin ataduras, follando con toda mujer que se me cruzase, y probando múltiples cosas. Sin embargo me enamoré, y se me cortaron las alas. No me arrepiento, sigo queriendo estar con Ana, pero siempre queda ese deseo…

Pues aquel día fue cuando descubrí que ella pensaba exactamente igual que yo. Aun éramos jóvenes, y ambos creíamos estar desperdiciando nuestros mejores años. El problema era que estábamos juntos y no podíamos hacer nada a menos que cortásemos, y ninguno quería. Sin embargo, investigando por Internet descubrí el mundo swinger, parejas que siguen juntas y que sin embargo mantienen relaciones con otras personas. A Ana le interesó mucho el asunto y a mi me excitó tremendamente imaginar a mi novia desnuda, tumbada boca arriba y un desconocido encima suya, penetrándola. A partir de aquella imagen, dejó de interesarme acostarme con otras mujeres. Quería que ella se acostara con otros hombres. Cuando se lo conté le resultó extraño, pero ella terminó descubriendo también que del hecho de acostarse con otros hombres, lo que más le excitaba no era el sexo en sí, sino que yo estuviera mirándola, y ponerme los cuernos.

Descartado pues, el mundo swinger, nos centramos en los tríos. La idea sería llamar a alguien y que ambos nos acostáramos con Ana. Esa idea me excitaba muchísimo. Sin embargo el asunto no cuajó. Siempre estaba el problema de quien seria la tercera persona. Lo mejor sería un amigo, con el que tuviéramos confianza, pero no queríamos que eso se supiera, y el hecho de que un hombre cercano, que viéramos a menudo se acostara con Ana… Sí salía mal, podíamos perder la amistad. Y de un desconocido de Internet no nos fiábamos así que todo quedó en una ilusión.

Así llegamos a día de hoy. Cada cierto tiempo salía el tema, y planeábamos cosas, nos reíamos, nos excitábamos y terminábamos follando, dejándolo todo a medias. Un día le compré un consolador, e hicimos un pequeño simulacro. Ella se masturbó en nuestra cama, mientras yo espiaba desde la puerta. Fue muy excitante, y me hice una de las mejores pajas de mi vida.

Pues resultó que un día, Ana regresó del trabajo (ella trabajaba un par de horas por la tarde) con una sonrisa picarona en la cara. Yo la vi entrar por la puerta, y supe al instante que tenía una gran noticia. Nos sentamos en el sofá, pero ella no dejaba de reírse y no sabía por donde empezar. Me estaba empezando a poner nervioso.

– A ver…- empezó por fin-. He hablado con Marta – era una compañera de su trabajo-. Resulta que a ella también le va el rollo este… de cuernos y tal. Su marido y ella lo han hecho muchas veces – me quedé muy sorprendido. Nunca lo habría imaginado-. En realidad no le he dicho que nosotros quisiéramos ni nada… pero creo que lo ha imaginado un poco… Pero bueno, la cuestión. Me ha hablado de un club de la ciudad, que se dedica a esas cosas. Ella ha ido muchas veces. Es muy discreto y anónimo, y ellos están muy satisfechos. Se llama El Ciervo y… nada, lo que hacen básicamente es eso. Te proporcionan una habitación preparada para todo… poder mirar y eso… y tienen hombres… – estaba muy nerviosa. Yo estaba muy excitado, pensando en que por fin pudiese hacerse realidad. Aunque no estaba del todo seguro. Las fantasías son las fantasías, pero el pensar que mi querida niña, pudiera ser follada por primera vez por otro tío… la verdad que ahora que había una posibilidad real, se me estaban empezando a quitar las ganas. Sin embargo Ana parecía muy dispuesta, y después de todo el bombo que yo había dado, no podía echarme atrás sin más…- ¿qué piensas?

– No sé… no me fío mucho- dije yo intentando buscar escusas y quitarle las ganas-. A saber que tíos son ¿no? Es un poco arriesgado…

– Si bueno, pero Marta dice que está muy bien. Puedes elegir muchas cosas y tal- era evidente que Ana quería ir inmediatamente-. No sé, puede estar bien. Me ha dado la dirección, podemos ir a preguntar e informarnos, sin compromiso.

– Pero eso debe ser como… un prostíbulo ¿no? Sólo que de tíos. Es como irte de putos. Costará dinero.

– Si bueno, claro que cuesta… Pero es muy barato. Te dan la habitación, seguridad de anonimato y tal, habitación preparada para observar… Y son profesionales. No es lo mismo que un puticlub barato de carretera. Seguro que está bien.

Yo no lo tenía nada claro, al contrario que Ana. A la cabrona le brillaban los ojitos de lujuria. Pero en cuanto a mí… Una cosa es fantasear, otra hacerlo, y otra muy distinta encima, era pagar para que un tío disfrutara del hermoso cuerpo de mi novia. Ellos son los que tendrían que pagarme a mí. Un trío tal vez, pero sólo mirar… Además, nos casaríamos en apenas un par de meses, el anillo de compromiso brillaba en su dedo anular… Yo no quería, prefería que aquello siguiese siendo una ilusión. Pero bueno, parecía tan excitada y me miraba con una carita suplicante que no pude negarme. No podía rajarme ahora después de todo lo que lo habíamos hablado. Decidí que iríamos sólo para informarnos, e intentaría quitarle las ganas poco a poco. O a lo mejor tenían tríos, y yo podía participar. Eso si me parecía medio qué.

– Está bien. Iremos, pero sólo a preguntar y a informarnos. Luego ya veremos- Ana sonrió muy contenta, y me besó.

Decidimos ir a mirar el sitio al día siguiente. Era viernes, y teníamos la tarde libre. Yo iría a recoger a Ana al trabajo, y a la vuelta nos pasaríamos por allí. Ambos estábamos muy excitados y nerviosos. Esa noche follamos como conejos, y Ana no abrió los ojos en todo el tiempo. Pude imaginar en qué pensaba. A mí no terminaba de encajarme la idea, pero estaba cachondísimo pensando que por fin podría verla disfrutar con otro tío.

Así pues, al día siguiente después de trabajar, comí (Ana comía en el trabajo) y a eso de las 5 fui a buscar a mi novia a la tienda. Ella es informática, y trabaja en una pequeña tienda de sofware, de venta y reparación de ordenadores. Salió, nos besamos y caminamos hacia el lugar donde estaba el club ese. Ana iba vestida con ropa normal, unos vaqueros largos ajustados, zapatillas y una camiseta de tirantes rosa y ajustada. No estaba muy lejos y fuimos andando, pero hacía mucho calor, y empezamos a sudar en poco tiempo. Ver a mi novia brillante en sudor me excitaba muchísimo. Estuve a punto de decir que no fuéramos, para volver a casa y cepillármela sin piedad; pero me contuve.

Por fin llegamos al lugar. Entramos en un callejón bastante estrecho, y muy largo, que conectaba una avenida con otra. Las fachadas eran viejas y había puertas traseras de casas. Tras unos diez metros encontramos el sitio. Estaba muy bien colocado, te daba tiempo a entrar en el callejón e ir rápidamente hasta la puerta para despistar a alguien si te estaba siguiendo. Se trataba de una discreta puerta gris, y un rótulo mediano encima, que rezaba”El ciervo”. Había un gran contraste entre la fachada del club y las contiguas. Los edificios de ambos lados del callejón eran de 5 plantas. Toda la fachada estaba vieja, excepto una parte, justo la que correspondía a la puerta de El ciervo. Tenía una fachada totalmente reformada y nueva que llegaba hasta la azotea, por lo que todo aquello debía pertenecer al club. Debía ser enorme. La puerta era sólida y automática, y en el pomo estaba encendida una lucecita verde. No se podía ver el interior. Decidimos entrar.

Al abrirla, lo primero que nos llegó fue el olor fresco de la estancia principal. EL aire estaba puesto, y en seguida se nos quitó el calor de la calle. La sala era pequeña y perfumada. Había un mostrador semicircular, y una mujer estaba sentada en él. Había una puerta justo detrás de ella, dentro del mostrador, y otras dos a ambos lados. Enfrente de ellas había sillones, agrupados de dos en dos y con una pequeña mesa en medio. Podían ser envueltos por una cortina, aunque en ese momento estaban todas abiertas. La mujer tecleaba en un ordenador. Ana y yo nos miramos. Estaba claro que discreto, era. Nadie entraría allí si no iba a lo que iba. Además nadie te vería entrar.

Nada más cerrar la puerta, la mujer levantó la vista, nos miró y sonrió amistosamente.

– Buenos días, ¿puedo ayudarles?- dijo rápidamente, con total naturalidad.

– Eh…- dijo Ana, titubeando, mirándome. Instantáneamente la mujer interrumpió, viendo que no sabíamos que decir.

– ¿Quieren que les informe un poco de nuestros servicios?- Seguramente estaba acostumbrada a tratar con personas indecisas y temerosas.

– Vale.

– Muy bien, acérquense. Son pareja ¿no? – dijo mirándonos a uno y a otro. Asentimos. Ella llevaba totalmente las riendas de la conversación desde que cruzamos la puerta. Nosotros apenas teníamos que abrir la boca, y eso daba confianza. Ni siquiera tenías por qué estar allí por eso, podías decir que te habías equivocado, aun no habíamos dicho nada que nos delatara…-. Muy bien. Pues esto es muy sencillo. Aquí tienen un folleto que explica más o menos todos nuestros servicios. Pueden sentarse y mirarlo. Después si ya tienen claro todo, sólo tienen que rellenar este formulario, para que podamos saber sus preferencias. Es tipo test, totalmente anónimo y no lo guardamos al final, es sólo para saber sus gustos y el servicio que le podemos dar. Pueden quedárselo al terminar para otro día traerlo directamente, y no tener que rellenarlo de nuevo. También si lo desea, pueden hacerse usuario fijo, y guardaríamos sus datos en el ordenador.

Yo cogí el folleto. Era un tríptico, y explicaba todos los servicios por encima. El formulario era muy sencillo, y sólo había que marcar casillas. Al final tenía un pequeño contrato de confidencialidad, y un espacio para firmar. La mujer lo cogió y nos lo fue mostrando.

– Como ven es muy sencillo. Sólo tienen que marcar las cosas que deseen. Disponemos de muchos servicios, como verán. Aquí se indican el número de amantes, las prácticas sexuales, vaginal, felaciones, anal, sadomaso, escatológico…

Me quedé totalmente paralizado, y miré de reojo a Ana. Ella estaba igual que yo, totalmente colorada, aunque sutilmente excitada. Era sorprendente la naturalidad con que hablaba aquella mujer. Ella se dio cuenta y sonrió

– No se preocupen, es normal estar despistados al principio. Miren, siéntense y echen un vistazo. Tenga un boli. Y una cosa, tenemos muchos servicios, muy distintos, pero todos tienen algo en común. Se trata todas ellas de prácticas cornudas. La pareja no puede mantener relaciones sexuales con su pareja en ningún momento- al carajo la idea del trío-. Puede participar para ser humillado y si lo quiere también puede ser penetrado, atado, dar sexo oral o masturbarse etc., pero no puede en ningún momento penetrar a su pareja, ni recibir sexo oral, ni masturbación. También disponemos de cinturones de castidad masculinos si lo desean, o puede simplemente limitarse a mirar. Todas las habitaciones están habilitadas para tener una perfecta visión de la situación. Si no le interesa, sólo tienen que irse, sin compromiso. Si quieren pueden rellenar el formulario y les haré un presupuesto. Los condones vienen incluidos en el precio- al terminar de hablar, nos señaló los asientos-. Cierren las cortinas, así si entra alguien no los verá. Y vosotros tampoco a ellos. Tenemos a muchos clientes que prefieren no darse a conocer. Cuando esté despejado los avisaré y podrán salir.

Cuanto secretismo. Nos sentamos muy nerviosos, y cerramos la cortina. No se nos veían ni los pies, ya que arrastraba. Yo tragaba saliva después de todo lo que había escuchado. Aquello parecía muy serio. Escuché a la mujer volvió a teclear en el ordenador, con tranquilidad e ignorándonos completamente. Eso relajaba bastante, ya que no agobiaba y nos dejaba total libertad. Además teníamos ese pequeño espacio para la intimidad. Nos podíamos tomar todo el tiempo que quisiésemos. Decidimos leer el formulario entero, e ir marcando por encima. Ana cogió el boli y fue marcando distintas casillas, como heterosexual, anal, oral y vaginal, dijo que no al sadomaso y otras prácticas extrañas como la escatología, y luego rió nerviosa en el número de amantes. Yo también me reí. Nos miramos, y al final puso 3, con una sonrisa picarona. Yo me sorprendí y también reí. En realidad no importaba mucho, en casa lo hablaríamos más tranquilamente. Puso todo tipo de razas, tamaño preferente grande y hombre preferentemente alto y musculoso. Noté como Ana empezaba a respirar cada vez más profundamente, y empezaba a excitarse. Yo también notaba un bulto en los pantalones. Luego había otras opciones para el cornudo, tales como humillación, sumisión etc., pero Ana marcó”Sólo mirar”. Luego firmamos el acuerdo de confidencialidad, que venía marcado con el sello del club que se comprometía no filtrar ningún tipo de dato.

Nos levantamos colorados y preguntamos si podíamos salir. Ella dijo que si. Entonces descorrimos la cortina, nos acercamos a ella y le dimos el papel, para ver si estaba correctamente relleno. Ella lo cogió y lo ojeó por encima. Qué vergüenza. Vi como Ana miraba a otro lado, intentando disimular. Pero la mujer era muy profesional.

– Bien, pues con lo que han elegido, el precio sería de unos 50 euros, sin un tiempo concreto. Puede alargarse dependiendo de la situación. Se abona al final, si no están satisfechos, no tienen que pagar nada. Aseguramos un servicio excelente. – Ana me miró pidiendo aprobación. Yo asentí. Era un precio razonable y además si no nos gustaba siempre podíamos negarnos a pagar.

– Vale, me parece bien – contestó Ana, que ya empezaba a soltarse.

– Perfecto- la mujer nos devolvió el papel, que Ana metió en su bolso, y se levantó-. Si me acompañan, les llevaré a su habitación y empezaremos – ¿¡Qué!? ¿Ahora? ¿¡Ya!?. Miré a Ana, y ella me devolvió la mirada con la misma cara de asombro.

– ¿Ahora? – pregunté.

– Si, ¿no?- preguntó la mujer extrañada-. Bueno, lo que han pedido está disponible en este momento. Pensé que estaban de acuerdo. Sino, no pasa nada, no se preocupen. Les puedo dar otra fecha…

– No, no… Bueno no sé… – dijo Ana inquieta-. Es que nos ha sorprendido la rapidez, pero supongo que ahora podemos, no tenemos nada que hacer… ¿no? -me miró preguntando, pero en realidad parecía suplicar.

– Bueno no sé… supongo… ¿tú quieres?- Esperaba que dijera que no. Mi tono de voz dejaba claro que sólo era una pregunta de cortesía. Yo había ido allí sólo para mirar y tal vez si se pudiese hacer un trío, participar. Pero descartado eso, no tenía ninguna intención de quedarme. Me moría de ganas de echarle un polvo a mi novia, y quería irme cuanto antes.

– Si… bueno sólo si tú quieres…- claro que no quería, lo sabía y se hacía la tonta. No aceptaba un acuerdo entre los dos con el socorrido”no se…”. Dejaba claro que ella quería y que si no se hacía sería por mí, para luego poder echármelo en cara. Yo no estaba dispuesto a negarme, e insistí en que lo rechazásemos juntos.

– Yo por mi bien, si estás de acuerdo…

– Si… bueno, eso dijimos, ¿no?

– Ya, supongo… – y cuando iba a decir pero, la mujer, viendo la seguridad de Ana, interrumpió.

– Muy bien, pues adelante, acompáñeme – Ana sonrió y la siguió. Yo gruñí un poco, pero me mordí la lengua. Las circunstancias se precipitaban rápidamente y no me dejaban tiempo a pensar. Las seguí, dispuesto a detenerlo todo si llegaba demasiado lejos.

Atravesamos la puerta de la derecha y entramos en un pasillo muy largo e iluminado, lleno de puertas a la derecha y espejos a la izquierda. A mitad del trayecto había unas escaleras, subimos un par de pisos y llegamos a la habitación 234, que era la que nos habían dado. La mujer abrió con llave. Yo estaba muy nervioso, me sudaban las manos y Ana respiraba entrecortadamente, excitada y nerviosa. Sus ojos brillaban de lujuria.

Entramos. Era un cuarto amplio, de unos 3 metros cuadrados. Tenía una sola luz en el techo, y la puerta por dentro tenía un pestillo. Frente a la puerta había un gran cristal rectangular, que daba a otra habitación justo enfrente. En el suelo, justo debajo había una especie de cajón, que conectaba ambas habitaciones. Tenía un botón automático para cerrarse. Al cerrarse en ésta, se habría en la otra, y viceversa. La otra habitación tenía las paredes llenas de espejos, y una gran cama de matrimonio en el centro. Empezó a ponérseme dura, y me moría de ganas por cogérmela y meneármela. Quería llevar a Ana a casa cuanto antes, mandar toda eso a la mierda y follármela toda la noche. El pensar que en aquella cama dentro de muy poco Ana podía estar follando y gimiendo con otro tío me excitaba, pero al mismo tiempo me horrorizaba. Me iba a reventar la polla, y decidí detenerlo todo de una vez, para poder volver a casa y follarme a mi novia, como debe ser. Pero la mujer vio que iba a abrir la boca y se adelantó.

– Ésta será su habitación. Pueden dejar todas las cosas aquí- dijo la mujer mirándome. Yo fui a decir que aun no era seguro, pero Ana me dio su pequeño bolso del trabajo y el móvil que tenía en el bolsillo-. La suya está en otro sitio, venga conmigo- dijo refiriéndose a Ana. Se dieron la vuelta para irse, sin dejarme decir nada. Pero las detuve.

– Espera… – dije deteniéndolas-. Pero… ¿ya? – la mujer asintió. No me daba tiempo a pensar, y no captó o no quiso captar la mirada que le eché, del tipo:”¿nos puedes dejar solos?”. No estaba dispuesta a irse, y me daba vergüenza hablar con Ana si ella estaba delante. Me agobié un poco, pero Ana me miraba con ojitos suplicantes. La mujer rompió el silencio.

– No se preocupe, sólo vamos a ver la otra habitación. Luego los dejaré solos para que puedan tomar la decisión final.

– Ah, vale. Bueno pues… hasta luego – no supe que más decir. ¿Qué se puede decir cuando se llevan a tu novia para que se la folle un desconocido?

Ana sonrió, me dio un pico y se fue. Yo las vi irse desde la puerta. No la llevaba a la habitación de al lado, sino que fueron hasta la escaleras y empezaron a bajarlas. Seguramente en las puertas de al lado hubiese habitaciones similares a la mía, y la de enfrente estuviese entrando por la puerta izquierda del recibidor. A saber donde la llevaban. Seguramente lo hicieran para que no pudieras cambiar de opinión e ir a impedir que se trajinaran a tu chica. Si ella quería, yo no iba a poder hacer nada. No sabías donde estaba, de modo que… Me dio muchísimo coraje, pero tuve que agarrarme la polla con fuerza. ¿Pasaría de verdad? ¿En pocos minutos vería a mi novia ser follada?

Me moría de los nervios. Cerré la puerta y eché el pestillo. Puse todas las cosas en el suelo, en una esquina. A un lado había un pequeño lavabo y un váter, todo muy limpio. Tenía ganas de mear, pero mi polla tenía un tamaño tal que no sería capaz de orinar. En medio de la habitación había un sillón muy cómodo, recubierto con una amplia toalla que lo rodeaba entero. Estaba recién lavada. Nadie entraba en la habitación de enfrente, así que me empecé a poner nervioso. No podía aguantarlo más, así que me desabroché el cinturón, me bajé los pantalones hasta los tobillos y empecé a pajearme. Por fin. Me senté en el sillón y me relajé. La visión era perfecta. El cristal era muy amplio y estaba justo enfrente, para poder ver todo el interior de la habitación.

Al cabo de cinco minutos me dio un vuelco el corazón. La puerta de la habitación de enfrente se abrió y entró Ana con la mujer. Pude oír todo lo que decían perfectamente.

– Bueno, y ésta es la suya. Este espejo de aquí – dijo tocando el cristal por el que yo me asomaba- es la ventana de la otra habitación. Usted ve un espejo, su novio no. Y él oye todo lo que decimos, pero nosotros no podemos oírlo a él. Para que usted pueda escucharlo, tiene que pulsar este interfono- se fue a una esquina, y pulsó un botón-. ¿Está usted ahí?

Me asusté por un instante, con la polla en la mano. Sabía que no podían verme, estaba a salvo. Vi un pequeño micrófono al lado mío de la esquina donde la mujer estaba. Contesté en voz alta para que me oyesen sin tener que levantarme, lo más normal que pude.

– Sí. Hola cariño- Ana sonrió y saludó también. Estaba muy colorada.

– Bueno, supongo que esto es todo. Si despulsa el botón, no podrá oír a su marido, aunque golpee el cristal- dijo la mujer-. El cajón es por si quiere pasarle algo. Me voy, en unos minutos empezará. Disfruten- y se fue.

Se fue. Yo me quedé callado un instante, y Ana igual, sin saber que hacer. Ella se acercó a la cama, y se sentó.

– ¿Cariño?- dijo. Entonces se acordó, fue hasta el interfono y pulsó el botón. Entonces pude contestarle.

– Hola- no sabíamos qué decir. Estábamos demasiado nerviosos. Todo había ocurrido muy rápido y no sabíamos que iba a pasar. Por fin estábamos solos, era el momento.

– Oye cariño… esto no me convence. No sé… Aun podemos echarnos atrás, yo creo que sería lo mejor, y luego hablarlo en casa más tranquilos…

– Si, supongo… Todo ha ido demasiado rápido. Salgo entonces, ¿no?

La puerta de su habitación se abrió de repente, Ana soltó el botón sin darse cuenta, y no pudo oír mi”sí, venga, vámonos”. Ambos miramos a la puerta, y se me encogió el estómago. Entraron tres tíos, totalmente desnudos, con las pollas totalmente erectas. Uno era negro. Todos la tenían muy grande, de unos 20 centímetros, pero el negro era el que más grande y gorda la tenía. A causa de su propio peso no podía empalmarse totalmente y caía hacia adelante formando un ángulo recto con su vientre plano y duro. Ana se quedó helada. Los tres tíos eran altos, guapos y muy musculosos. Estaban totalmente depilados, y el negro tenía la cabeza rapada a cero. Cerraron la puerta al entrar y se acercaron a Ana. Ella no podía dejar de mirar sus enormes pollas. Yo, viéndola entre tanto tío sediento de sexo, deseando follársela, me puse muy cachondo, pero en seguida reaccioné.

– Un momento, esperad. Habíamos decidido irnos- entonces me di cuenta que no me escuchaban-. Cariño, pulsa el botón. ¡Eh!- grité golpeando el cristal con fuerza. Pero nadie se inmuto. Era tarde.

– Hola cielo- dijo uno de ellos, un rubio muy alto-. Me llamo Dorian. Este es Leroy – dijo señalando al negro- y este Juan- mirando al más bajo de todos, pero muy ancho y musculoso-. Tú eres Ana, ¿no?

– S… Si…- dijo con dificultad Ana tragando saliva. Ellos se le acercaron y le dieron dos besos. Juan la agarró por la cintura para acercarla a él, y rozó su miembro con sus vaqueros. Leroy hizo lo mismo, y Dorian le dio un rápido beso en los labios, sin cortarse un pelo. Ana estaba muy colorada.

– Ven, siéntate en la cama y hablemos- Ana obedeció y se sentó en el borde.

Ellos tres la rodearon, y aquellas tres pollas quedaban muy cerca de su cara. Los tres tíos miraban a mi novia con lujuria. Seguro que esa oportunidad no se les presentaba todos los días. Allí iría mucha gente, y ellos tenían que cumplir su trabajo. Seguramente no todas fueran atractivas. Pero encontrarse aquel bombón allí indefensa a su disposición seguro que no se lo esperaban. Por eso la tía de recepción nos dejó tan poco margen de maniobra. No quería que nos echáramos atrás. La muy hija de puta sabía que Ana estaba cachonda y que no se echaría atrás. Sólo tuvo que callarme la boca a mí. Aquél dulce no se pillaría todos los días. Y por si fuera poco, yo les había pagado.

– Tienes un nombre precioso. Igual que tú- Dorian parecía ser el que tenía la voz cantante. Ana tenía las dos manos en su regazo, y miraba al suelo, nerviosa, aunque de reojo observaba aquellos tres mástiles. Dorian le cogió la mano derecha, y miró el anillo-. Vaya, ¿estás casada?

– No… Es… es de compromiso. Me caso en verano.

– Aham. Me alegro. ¿Y está ahí observando? – Ana asintió-. Muy bien. ¿Quieres que empecemos?

– No sé… Es que estoy sucia. Acabo de salir del trabajo y… no tenía pensado hacerlo hoy.- Dorian la cogió suavemente por la barbilla, le levantó la cabeza, y se agachó para besarla. Le dio un tierno beso en los labios, mordiéndola suavemente, y rozándola un poco con su lengua. Ana gimió un poco. Era la primera vez que mi novia besaba a otro hombre. Eso me dolió y me excitó al mismo tiempo. Pero aun tenían que hacerle muchísimo más.

Cuando Dorian se despegó de ella, Ana seguía con los ojos cerrados. Estaba muy excitada. Leroy fue el siguiente. Se inclinó y también la besó. Éste fue más prolongado, y pude ver como mi novia abría su boca para dejar que la lengua de aquel tío entrara dentro. Con el tercero, Ana estaba un poco más suelta. Juan le puso ambas manos en sus mejillas y lo atrajo hacia él, y pude ver la lengua de mi novia salir en busca de la de Juan. Estuvieron unos segundos morreándose. Mientras, Dorian aprovechó para apretarle un pecho y Leroy se sentó a su espalda, rodeándola con piernas y brazos. Cuando Juan se separó de ella, Ana se lamió sus labios, buscando recoger toda la saliva de su amante. Estaba muy cachonda. Miró por un instante al espejo, sabiendo que yo estaba observándola.

Leroy entonces le levantó los brazos y le quitó la camiseta. La tiró al suelo y sin pensánserlo, plantó ambas manos sobre los pechos de mi novia, por encima del sujetador, apretándolas con fuerza, al tiempo que le besaba el cuello y la atraía hacia así, aplastándola entre sus brazos. Ana lanzó un pequeño gemido, y le agarró por el pelo para aplastarlo más contra su cuello. Mientras, Dorian y Juan le quitaban los zapatos y le desabrochaban el pantalón. Ana giró la cabeza hacia atrás, buscando los labios de Leroy, y se enlazaron en un apasionado beso. Sus lenguas chocaban y se peleaban, mientras intercambiaban saliva y se mordían con pasión, Leroy movía las caderas, frotando su polla con la espalda desnuda de Ana. Yo estaba rabioso. Me la habían jugado bien. No me habían dejado opinar ni un instante. Estaban acostumbrados a que el hombre se echase atrás en el último momento, y habían tomado medidas. Sin embargo, no podía dejar de mirar y de meneármela.

Entonces, sin dejar de besarla, Leroy cogió el sujetador por cada lado y tiró hacia fuera con fuerza, rompiéndolo y dejando los bellos pechos de mi prometida colgando por su gran peso. Dorian y Juan se acercaron y empezaron a lamerlos y besarlos, mientras ella los cogía por el pelo y los aplastaba contra sus tetas.

Tras el beso, Leroy se quitó de su espalda y la tumbó. Luego se puse sobre ella a horcajadas, sentado suavemente sobre su barriga. Se encorvó y siguió besándola, aunque no podía ver mucho ya que él estaba en medio. Mientras, Dorian le terminó de quitar los pantalones, y empezó a restregar su cara por encima de su coño. Ana llevaba unas braguitas negras, que apenas podía contener sus nalgas. Si hubiese sabido que el día acabaría así, se hubiera puesto un tanga. Sin embrago a aquellos tíos no les importó. Dorian siguió oliendo el coño de mi novia por encima de la tela, restregándose y besándolo. No sé por qué no se lo quitaba ya y saboreaba sus jugos. Esos jugos que hasta aquel momento eran sólo míos. Dorian la masturbó un poco por encima de las bragas, y yo podía oír los gemidos de Ana, ahogados por el beso que le estaba dando el negro.

Tras un instante así, y cuando parecía que Ana iba a correrse, Leroy se levantó y se puso de pie. Juan incorporó a mi novia, y la sentó en el borde de la cama. Tenía los labios muy mojados y respiraba con rapidez. Dorian y Juan se pusieron a cada lado de ella, y acercaron sus enormes pollas. No hizo falta decir nada. Ana las miró un instante, y acto seguido las agarró con sus manos, las apretó con fuerza y empezó a masturbarlos. Ellos empezaron a gemir. Mientras, Leroy en cuclillas entre sus piernas, le acariciaba los pechos y la masturbaba. Ana empezó a gemir, pero Dorian suavemente le cogió la cara y se la acercó a su polla. Ella entendió el mensaje, y se metió aquel pedazo de carne en la boca. Recubrió sus dientes con los labios y empezó a mamársela. Mientras con la mano le acariciaba los huevos. Se fue turnando, mamándosela a Juan y a Dorian, y de vez en cuando paraba en medio para besar a Leroy.

Mi habitación se inundó de sonidos de succiones, de absorber de babas, y gemidos masculinos y femeninos. También se escuchaba mi mano meneándome la polla. Ana se deleitaba verdaderamente chupándoles la polla a aquellos desconocidos. Veía el anillo de compromiso a la distancia, en su mano que rodeaba aquel pollón, y tenía que parar para no correrme.

Estuvieron así unos minutos, y luego Leroy se levantó y empujó a Ana, para tumbarla. Después le quitó por fin las bragas, descubriendo el hermoso coño de mi prometida. Brillaba por los jugos, y tenía vello de dos días. Dorian cogió las bragas y para mi sorpresa, se acercó al cajón, las depositó dentro, y lo cerró. Después sonrió mirando al espejo y volvió junto a mi novia. Será cabrón. Me levanté y recogí las bragas. Por eso no se la habían quitado. Querían que se mojaran. Las olí. Estaban algo sucias, ya que las había llevado puestas todo el día, pero en la zona del coño podía notarse los jugos que acababa de echar. Estaban muy mojadas, y olían muchísimo a coño. Me excité sobre manera. Reconocía muy bien ese olor, y me moría por sumergirme entre las piernas de novia, y recoger todo lo que saliera por su sagrado agujero. Pero por desgracia no iba a ser yo el que lo hiciera. Me senté y me conformé con sus bragas mojadas.

Leroy le sujetó las piernas para mantenerlas bien abiertas, y empezó a lamerle el coño. Nada más rozarla, Ana empezó a gemir y a jadear. Mientras los otros dos se pusieron de rodillas en la cama a cada lado y ella los masturbó. El negro chupaba y chupaba, y llegaban hasta mi habitación los sorbidos, lameteos, y los escupitajos que le echaba. Ana no paraba de gemir y en un par de minutos tuvo un gran orgasmo, lanzando grandes gritos y arqueando la espalda. Quedó exhausta, pero Leroy no se detuvo y Dorian la obligó a seguir masturbándolo. Cuando se recuperó, apartó a Leroy de su coño y dijo.

– Folladme ya, ¿no?- estaba deseando que se la metieran por fin. Estaba deseando hacerme un total cornudo, y follar por fin con otro hombre, en mis narices.

– Muy bien- dijo Dorian-. Pero tienes que coger los condones.

– ¿Dónde están? – dijo Ana mirando a su alrededor.

– En la otra habitación- dijo Dorian señalando al espejo-. Tienes que pedírselos a tu novio, que te los pase por el cajón.

Los tres tíos sonrieron. Yo me quedé paralizado. Ana también parecía confusa, pero estaba realmente cachonda, y necesitaba una polla dentro ya, de modo que se levantó y caminó hacia el espejo.

– ¿Cariño? – le daba vergüenza hablarme en esas circunstancias. Más pedirme condones para que los usase con otro tío-. ¿Me puedes dar eso?

Que zorra. Miré a mí alrededor. Había un pequeño armario debajo del lavabo, así que me acerqué y lo abrí. Había un par de estanterías, todas llenas de cajas de condones. Cogí una, la puse en el cajón y lo cerré. Ana sonrió, y los cogió al otro lado y se acercó a sus amantes. Sin embargo Leroy dijo.

– Donde quieres que nos pongamos eso, ¿en los dedos? Tienen que ser los más grandes que haya- los tíos rieron.

– Cariño… – dijo Ana acercándose de nuevo, y poniendo los condones de vuelta en el cajón-. Tienen que ser más grandes… – Muerto de coraje, cogí otra caja, la de mayor talla y la metí de nuevo, recogiendo la otra-. Gracias cielo.

Me volví a sentar y continué pajeandome. Mientras, Ana volvió a la cama, sonriente. Los tíos no habían perdido la erección ni por un instante. Los tres esperaban a su presa de pie, polla en ristre. Mi prometida sacó un condón, dejó el resto en el suelo, y se arrodilló frente a Leroy. Se la meneó un poco y luego le puso la goma. La chupó después un poco para lubricarla.

Entonces Leroy la cogió en brazos y la depositó en la cama boca arriba. Le abrió bien las piernas, y apuntó con su polla el chorreante agujero de mi novia, cuyos jugos ya resbalaban hasta su ano. Colocó la punta en la entrada y de repente, con un rápido movimiento de caderas, se la metió hasta el fondo. Ana lanzó un gran grito de dolor. Leroy le dejó la polla dentro unos instantes, disfrutando de su calor y su humedad. Yo no podía ver mucho. Sólo la espalda de Leroy, las piernas de mi novia rodeando la espalda del negro, y sus calcetines rosas. Ana se agarró con fuerza a las sábanas para soportar mejor el dolor. Ya estaba hecho. Se estaban follando a mi novia. Era la única polla después de la mía que había estado en ese coñito, y eso ya nunca podría cambiarse. Sin embargo aun quedaban otras muchas pollas por entrar allí ese día.

Leroy empezó a sacarla y a meterla lentamente, hasta dejar dentro sólo el capullo. Ana empezó a acostumbrarse, y sus gemidos de dolor fueron sustituidos por los de placer. Sus manos se posaron en las nalgas de Leroy, aplastándolas contra su pelvis, indicándole que aumentara el ritmo. El tío obedeció y empezó a dar embestidas más fuertes, mientras resoplaba y lanzaba escandalosos gemidos de placer, que se fundían con los de mi novia. Mientras, Juan y Dorian estaban de rodillas junto a su cara, y jugueteaban pasando sus pollas cerca de la boca de Ana. Ésta intentaba cazarlas y darles lametones. Allí, viendo a aquel negro entre las piernas de mi novia, embistiéndola, mientras Ana le agarraba con fuerza el trasero pidiéndole más, pude ver el anillo de compromiso en su dedo. En mi habitación si había aire acondicionado, pero en la otra no. Leroy empezaba a sudar, y las gotas resbalaban por su trasero y se deslizaban sobre los dedos de mi novia, impregnando el anillo. Ante aquella visión y con los gemidos de mi novia de fondo me corrí.

Yo ya había terminado, pero en la otra habitación, Leroy seguía follándose a mi prometida a gran velocidad y sin detenerse un instante. Ella había empezado a chupar las otras dos pollas, intermitentemente, mientras las meneaba. Así estuvieron unos 10 minutos, sin parar. Leroy no bajó el ritmo ni un segundo, y mi novia debía haber tenido ya más de un orgasmo. Cada cierto tiempo, se agarraba con fuerza a la espalda de aquel negro y empezaba a gemir con fuerza, moviendo su pelvis para clavarse mejor la polla. Después quedaba rendida y tumbada, pero aquel negro seguía follándosela sin parar. Por fin, tras un cuarto de hora, Leroy empezó a resoplar, aumentando el ritmo, y lanzando grandes gritos de placer. Después de correrse se detuvo y permaneció dentro de ella unos segundos. Luego la beso, y se quitó de encima. Ana estaba boca arriba, muy cansada y despeinada. Sus hermosos pechos brillaban en el sudor de aquel tío, que resbalaba por su vientre. Su coño estaba muy abierto, y rojo.

Sin darle un segundo de descanso, el siguiente tío se puso encima, y continuó metiéndosela. Ella volvió a empezar a gemir. Era Juan, y este apenas sacaba su polla. La tenía metida hasta el fondo, y la sacaba apenas unos centímetros, y volvía a meterla hasta el fondo, chocando con la pelvis de mi novia, produciendo sonoros golpes y sonidos de chapoteo. Eran golpes muy rápidos y fuertes. Mientras, Leroy con el pene flácido ya, se quitó el condón. El muy cabrón se acercó al cajón, lo soltó dentro, y lo cerró. Después me sonrió y volvió a la cama. Me acerqué al cajón, y allí estaba el condón que se había follado a mi novia, lleno de semen. Por fuera estaba muy mojado y pringado también, con muchos grumos blancos de los flujos de mi novia. Recordaba cuando mis condones se quedaban así. Eran veces en las que Ana se había derretido de placer, y los polvos fueron memorables. Olía fuertemente a coño y polla, que impregnó toda la habitación. Cerré el cajón, pasándolo al otro lado. Leroy lo vio, y se acercó.

– ¿Qué pasa, no lo quieres? – yo no contesté-. Bueno, pues si insistes se lo daré a ella. Verás como le gusta.

El tío cogió el condón de nuevo y se acercó a la cama. ¿Qué iba a hacer? A Ana nunca le había gustado tocar nuestros condones usados. Le daban mucho asco, y siempre tenía que ser yo el que los comprobara y tirara. Tras terminar, ella perdía la excitación, y no quería tocarlo. Sonreí. Si se lo acercaba, le cortaría el rollo, y seguramente eso terminaría ahí. Quizás hubiera suerte y la dejaran ya. Leroy le susurró algo a Juan. Éste retiró su nabo del coño de Ana, por lo que ella se quejó.

– No, no… qué haces, no te vallas… -Juan se levantó y dio la vuelta a mi novia, poniéndola boca arriba pero con la cabeza apuntando a mi habitación. Después se volvió a poner encima y siguió follándosela, haciendo que ella empezase a gemir de nuevo.

Aquella perspectiva era mucho más fuerte. Antes sólo veía el culo del tío, pero ahora podía incluso ver la polla entrando, como le manoseaba las tetas, la besaba y la chupaba. Ana estaba encantada, masturbando con una mano a Dorian, y con la otra agarraba al tío que la follaba por el cuello, para acercarlo de vez en cuando y besarlo. Mientras Dorian tenía una mano en su coño, acariciándole el clítoris. Mi chica tenía la cabeza apoyada en el colchón, los ojos cerrados y respiraba cansada. El sudor resbalaba por su frente. Leroy entonces se sentó en el borde inferior de la cama, junto a su cabeza. Me miró y sonrió, y luego le acercó el condón a la cara. Bien, por fin. Aquello terminaría en breve. En cuando Ana viera aquel plástico cerca de su cara, pegaría un salto y se apartaría. Entonces podríamos irnos de una vez. Aquello empezaba a hartarme. Después de haberme corrido, las cosas se veían de otra forma.

Así pues, con aquella esperanza, vi como Leroy posaba el condón a escasos centímetros de la mejilla de Ana, y la movía para que abriera los ojos. Ella los abrió, y miró el plástico. Para mi sorpresa, no se apartó, ni siquiera hizo un movimiento. Tan sólo lo miró. Lo más fuerte vino después. Leroy empezó a moverlo adelante y atrás, acercándolo a su boca, y Ana en respuesta sacó la lengua y le pegó un lametón. Increíble. Debía estar tremendamente excitada para hacer aquello, cosa que nunca había hecho conmigo. Por si fuera poco, Leroy, tras sonreírme otra vez, cogió el condón por la punta, y le dio la vuelta sobre la boca de Ana. Ésta la abrió sin pensarlo, y el semen empezó a resbalar a lo largo del condón, hasta su apertura. Después empezó a salir, y se quedó colgando. El hilo blanco, grueso y viscoso se fue haciendo cada vez más largo, hasta que entró en la boca de mi novia. Esta lo tocó con su lengua, y acto seguido cerró la boca, absorbiéndolo. Leroy no dejaba de sonreír de oreja a oreja, y cogiendo el condón por la punta con dos dedos, usó el índice, el corazón y el pulgar de la otra mano para aplastarlo e ir deslizando los dedos hacia abajo, a lo largo del condón para exprimirlo y que saliera todo. Ana lo recibía con la boca bien abierta, hasta que no quedó nada. Ella lo paladeaba y lo iba tragando, apretándose un pecho, al tiempo que Juan seguía follándosela y Dorian la masturbaba. Pero Leroy aun no tenía suficiente. Le introdujo la entrada del condón en la boca, y Ana lo atrapó entre sus labios y empezó a chuparlo. Después Leroy se lo metió entero. Mi novia con el condón en la boca empezó a saborearlo, con los ojos cerrados, y a paladearlo. Empezaba a hacerse espuma seminal en su boca, y le resbalaba por la comisura de los labios. Leroy entonces metió dos dedos en su boca, cogió el condón y se lo sacó, babeado. Lo puso entre sus pechos y se lo restregó por sus tetas y barriga, mientras Ana tragaba y se lamía los labios para coger cualquier resto. Yo estaba totalmente atónico y excitado. Mi polla volvía a estar totalmente dura.

Para acabar, Leroy se levantó y tiró el condón contra el cristal. Por las babas y el semen, se quedó pegado. Allí estaba, el condón que me había hecho cornudo. Nunca pensé que mi novia llegase a ser tan guarra. El hecho de verse follando con tres tíos buenos, sabiendo que yo la observaba la ponía a mil. Al menos ya sólo quedaban dos, y la cosa no podría durar mucho más. Pero esta esperanza me la echó de nuevo por tierra Leroy. Tras hacer la gracia del condón, se puso de pie junto a Dorian, y empezó a masturbarse. En apenas unos segundos, volvía a tener la polla completamente tiesa. Que cabrón. Si se había corrido hacía un par de minutos. Esos tíos eran auténticos sementales, completamente incansables. ¿Quería Leroy repetir? ¿Y cuántas veces? ¿Los demás también? ¿Cuánto iba a durar aquello? ¿Hasta que Ana se cansara? De momento desde luego no tenía pinta que aquello fuera a ocurrir.

Juan estuvo embistiéndola unos minutos más. Cuando Ana se hubo corrido de nuevo, sacó su polla, se quitó rápidamente el condón, y se masturbó, corriéndose sobre ella. Echó varias corridas, con grandes impulsos, que llegaron hasta su mejilla, manchándole el vientre, y los pechos. Ana lanzaba grandes suspiros, cansada, igual que Juan. Se miraban a los ojos, Juan la besó y se quitó de encima. Entonces mi novia recogió con un par de dedos un reguero de semen y se lo llevó a la boca, saboreándolo. Sin embargo no la dejaron en paz ni un segundo. Dorian, que era el que quedaba por follársela, se tumbó boca arriba con la cabeza apuntando a mi habitación. Juan y Leroy cogieron a mi novia y la pusieron a horcajadas sobre él. Dorian colocó su polla apuntando al techo, y Ana se la introdujo hasta el fondo, apoyándose con las manos en el pecho de Dorian para mantener el equilibrio. Pude ver sus grandes pechos erguidos, y el semen resbalando lentamente por su peso. Dorian empezó a bombearla, mientras Leroy usó la camiseta de Ana para limpiarle el semen y las babas de su barriga y tetas.

Los pechos de mi novia botaban al compás de las embestidas de Dorian. Leroy y Juan la sujetaban para mantenerla erguida, guiando la mano de Ana hacia sus poyas, para que las masturbara. Tras unos minutos, Ana adquirió el control. Apoyó sus manos en el pecho de Dorian, y empezó a moverse ella. Dorian se quedó quieto y dejó que ella se ensartara sola. Los otros dos se apartaron, masturbándose y mirando la escena. Ana estaba totalmente excitada. Los ojos los tenía cerrados, y no dejaba de moverse lo más rápido que podía. Cogió la mano de Dorian, e hizo que le sobara las tetas y le pellizcase los pezones. Después siguió cabalgando sin descanso. A veces se encorvaba para besar a su follador, o para lamerle el cuello y los pectorales. Unos instantes después abrió los ojos y miró fijamente a su amante.

– Vamos, córrete… córrete dentro de mí. Vamos, joder…- todo lo dijo sin dejar de cabalgar y de mirar a Dorian. Después lo besó y le metió la lengua hasta el fondo. Continuó lamiéndole toda la cara sin parar, mordiéndole el cuello y obligándole a incorporarse y chupar sus pezones, aplastándolo contra sus tetas.

Dorian agarró con fuerza sus nalgas para ponerla a su ritmo, y entonces empezó a dar rapidísimos movimientos de pelvis, mientras gemía y hacía casi gritar a Ana. Se oían los fuertes choques de sus cuerpos, y en unos segundos ambos se corrieron. Esa imagen nunca la olvidaré. Ana sujetaba la cabeza de Dorian, con las manos en su pelo, contra su cuello, al tiempo que miraba al frente, al cristal. A mí. Abrió los ojos en el último momento, y pude ver claramente su tremenda cara de placer, con la frente arrugada y la boca abierta, gimiendo mientras se corría, hacía correr a su amante, y hacía correrme a mí.

Tras ese intenso instante, se quedaron abrazados, jadeando con fuerza, mientras se les estabilizaba el pulso. Mientras, yo me limpié y los otros dos amantes que ya se la habían follado seguían pajeándose. En un momento dado, Leroy se acercó al cristal y me dijo.

– Tú, pásanos un bote de lubricante, que le vamos a dar por el culo- su voz firme, casi como una orden me enfureció. Estaba hablando del culo de mi novia el muy cabrón, y lo decía con toda tranquilidad. De ninguna manera le daría ese lubricante. Se tendría que quedar con las ganas de encular a Ana. Leroy, al ver que el cajón no se abría, sonrió-. Con que esas tenemos, ¿eh? Tú mismo.

Se dirigió a la cama, donde Dorian y Ana seguían abrazados, ella encima de él, descansando. Leroy la hizo levantarse y la puso a cuatro patas, con el culo bien en pompa apuntando hacia mí. Ella apoyó la cara en el colchón, sin dejar de jadear. Entonces Leroy sumergió su cara entre las nalgas de mi novia, y empezó a chupar y chupar. Dorian mientras introdujo una mano entre sus piernas y empezó a acariciar su clítoris. Juan entre tanto, se colocó en el borde de la cama y abrió bien con sus manos las nalgas de Ana, para que su ano quedase bien accesible. Acto seguido, Leroy escupió un par de veces, y apartándose a un lado, para que yo pudiese verlo bien, empezó a introducir un dedo en el culo de mi prometida, hasta el fondo. Ana suspiró, no supe muy bien si de placer o de molestia. En cualquier caso, Leroy lo sacó acto seguido y lo alzó. Tenía la punta un poco manchada de mierda, pero sin ningún tipo de pudor, lo lamió mirándome y luego prosiguió. Introdujo dos dedos y luego tres, mientras Ana ya empezaba a quejarse. Después de escupió dentro de su agujero para que la saliva se deslizase dentro, y la cambiaron de posición, colocándola a cuatro patas pero de lado al espejo. Así yo podía verla de perfil. Luego prosiguió y sin pensárselo, se puso a cuatro patas detrás de ella. Se escupió también la poya, y puso la punta en aquel hermoso ano. Después empezó a empujar, gimiendo de placer. Yo lo sabía bien, Ana tenía un agujerito muy estrecho, siempre apretado, aunque bastante elástico. Leroy no tuvo problemas, y tras tres o cuatro intentos, consiguió traspasar el esfínter e introdujo su glande. Ana pegó un pequeño respingo, agarrando las sábanas, dolorida. Sus ojos estaban apretados, y se mordía el labio. Leroy introdujo unos centímetros más, y luego metió y sacó unas cuantas veces, hasta que por fin, Ana empezó a disfrutar. Dorian no dejaba de masturbarla, y ella una vez pasado el dolor del principio, buscó con una mano la poya de Juan, para empezar a masturbarla.

Al cabo de unos minutos, yo volvía a masturbarme. Leroy embestía el culo de mi novia como si fuera su coño, con fuerza y rapidez. Aquello debía de dolerle, pero no lo aparentaba, y se movía ella también hacia atrás y delante, chocando contra el vientre de Leroy para conseguir la máxima penetración. En un momento dado, levantó la cabeza de las sábanas, se puso a cuatro patas y empezó a chupársela a Juan, mientras Dorian se colocó tumbado debajo suyo, para poder meter la cabeza entre sus piernas y chuparle el coño. La escena era de lo más porno. Ana conseguía satisfacerlos a todos, ya que al tenerlo justo debajo, también masturbaba a Dorian. Leroy estaba disfrutando de lo lindo, sin dejar de gemir y dándole totazos en las nalgas. Para correrse, puso las manos de Ana a su espalda, y agarrándola de las muñecas la irguió, para atraerla hacia sí y embestirla con más fuerza. Juan no dejaba de mordisquearle los pechos, y Dorian hizo que se corriera de gusto, al tiempo que lo hacía Leroy. Los gritos de Ana eran más fuertes a cada orgasmo.

Cuando la sacó, su poya estaba manchada, pero no le importó demasiado. Le quitó un calcetín a Ana, que aun tenía puesto y se fue limpiando, mientras Juan ocupaba su lugar en su culo. Esta vez, Dorian se dio la vuelta y puso a Ana a horcajadas encima suya, para penetrarle el coño. Se puso un condón mientras Juan le metía su poya en el culo, y después, dejándola dentro, Dorian se la metió por el coño. Ambos eran muy profesionales y sabían cómo hacer la doble penetración sin estorbarse. Cuando sus agujeros se hubieron dilatado lo suficiente, empezaron a embestirla, y ella, como siempre a gemir.

Leroy al terminar de limpiarse, tiró el calcetín al suelo, y se acercó a la puerta. Miró el pomo, donde había una lucecita verde, y luego salió. Por fin, parecía que ya estaban terminando. Mientras, el trío seguía retozando sin parar. Ana sudaba, aunque ya no se distinguía el suyo del que le depositaban encima sus amantes. Tenía el pelo muy alborotado, las nalgas rojas de las cachetadas que le habían dado, y aun a pesar de todo, seguía gimiendo de placer entre aquellos dos maromos. Juan terminó entre estridentes gritos, agarrado a sus pechos. Sacó su poya manchada, se limpió igual que Leroy y se fue. Dorian en cambio siguió disfrutando de mi novia un tiempo más. Sin duda no volvería a tener algo tan delicioso entre manos en mucho tiempo. No dejaba de atraerla hacia sí por el cuello para besarla, y ella le correspondía. Entonces Dorian quiso tomar el control, y se puso encima, en la postura del misionero, también de lado al cristal. El ano de mi novia, una vez vacío y por la presión de la poya de Dorian, empezó a chorrear el semen de sus anteriores polvos.

La escena que siguió dejó de ser sexual, y se convirtió en romántica. Ambos no dejaban de besarse y acariciarse tiernamente, mirándose fijamente a los ojos, a escasos centímetros, sintiendo cada uno el aliento y los gemidos del otro. Ana le secaba el sudor de la frente, y le animaba a continuar, moviendo su pelvis arriba y abajo al compás de la poya de su amante. Dorian no dejaba de amasajarle un pecho con una mano y con la otra mantenía el equilibrio. Mi novia no dejaba de acariciarlo, y lo atraía hacia sí para besarlo una y otra vez. Tras varios minutos de apasionante polvo, Ana empezó a gemir más fuerte, ya que se avecinaba su orgasmo.

– Vamos… córrete… córrete conmigo- Dorian obedeció y empezó a embestir más fuerte-. Vamos… vamos… no aguanto más… córrete… si…- Ana miraba al techo, y atrajo hacia su cuello a Dorian, para que lo besara y mordiera.

Dorian obedeció y en unos segundos, ambos se corrieron juntos. Dorian se quedó encima de ella durante unos instantes, descansando. Ambos respiraban profunda y entrecortadamente. Ana rompió el silencio.

– Dios, me muero de sed…

Dorian le dio un tierno pico, y se levantó, brillante por el sudor, y con el pene flácido. Se acercó al cristal, y me dijo.

– Eh cornudo, ¿te ha gustado ver cómo nos follábamos a tu novia? Es impresionante, sin duda. Ve a la nevera y pásanos una botella de agua bien fresca. Sé bueno.

Hijo de puta. Estuve a punto de pasar de él, pero al fin y al cabo era para Ana. Y ya habíamos terminado. Por fin. Ese cabrón no volvería a ponerle la mano encima, y nunca volvería a disfrutar de sus encantos. O eso pensé yo en aquél momento. De tal modo que cogí una botella de dos litros y se la pasé a través del cajón. El regresó a la cama, y tras limpiarle la cara a Ana con la camiseta, le dio el agua. Después le estuvo secando el sudor, y el semen que tenía pegado por todo el cuerpo y orificios. Luego se limpió el mismo y tiró la camiseta empapada al suelo. Ana se bebió la mitad de la botella y luego se tumbó. Dorian bebió también, y luego la acompañó, abrazándola. Estuvieron así pegados como enamorados durante unos instantes, hasta que Dorian habló.

– Bueno, lo hemos pasado realmente genial, Ana. La sesión llega hasta aquí, pero aun tenemos algo que ofrecerte- Ana lo miró interesada-. Verás, ¿sabes lo que es un gloryhole?- Ana asintió-. Bueno, pues tenemos uno, y nuestros clientes pagan por acceder a él. Va a hacerse uno dentro de poco, y quizás estuvieras interesada. Se trata de individuos de confianza, todos médicamente sanos y clientes fijos, muy controlados. La chupas magníficamente bien, y creo que harías un buen trabajo. Por supuesto recibirías parte de las ganancias. Te devolveríamos el dinero que te ha costado esta sesión 50 €.

continuara…
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